1). Muchos académicos hace tiempo han perdido el contacto con la escuela y sus complejidades cotidianas, y piensan en los alumnos y profesores como abstracciones, como puntos de una curva, más que como personas que tienen interacciones dinámicas cotidianas en el turbulento mundo de la vida escolar. Se nutren sólo de lecturas y episódicas visitas a las escuelas.
2). Muchos académicos escriben para audiencias escogidas y buscan ganar notoriedad, respeto y avances en su carrera no por su habilidad para descubrir el nuevo conocimiento de su campo sino por su habilidad para impresionar a sus colegas.
3). Muchos académicos usan las tácticas “golpea y huye”. Se quedan con el análisis de las conductas que han sido observadas en un solo evento, perdiendo la oportunidad de investigar patrones, tendencias, rutinas o ritmos, fallando en considerar las propiedades sinérgicas de las actividades escolares
4). Muchos académicos, cargados del intocable estatus que les da los años de carrera académica, gustan de pontificar a las masas con una incuestionable certeza de la validez de sus creencias. Se vuelven muy arrogantes y, si son carismáticos, seducen al público con sus ideas, así no estén suficientemente validadas. .